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Enseñanza durante la cuarentena: mi experiencia

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Quién lo iba a decir: el 2020 nos ha «regalado» una pandemia, y con ella un montón de quebraderos de cabeza laborales, académicos, sanitarios, sociales, etc. Hemos tenido que adaptarnos sí o sí a esta crisis sanitaria cuyas consecuencias a largo plazo, a día de hoy, meramente se vislumbran. Sin embargo, puedo afirmar que he tenido bastante suerte, puesto que justo antes de que comenzara el confinamiento empecé a trabajar para la Universidad de Málaga como profesor sustituto interino. Te voy a dar unas pinceladas de mi experiencia.

 

Clases presenciales

He estado impartiendo traducción e interpretación del francés durante estos meses, y comencé dando clases en las aulas de la UMA. Pese a que ya tengo cierta experiencia docente dentro del ámbito privado, no me supuso algo difícil ni que me creara ansiedad (aunque sí algo de nerviosismo al principio, lo reconozco). Por suerte, al principio he dado clases a grupos reducidos de alumnos, y a estos parecían que les estaba gustando mis clases (que preparé con mucho esmero y de forma que siempre resultasen útiles).

Lo único diferente ha sido adaptarme a las aulas con equipamiento especial —como son las cabinas de interpretación— y manejar los ordenadores, cosa que aprendí en poco tiempo. Para ver la metodología aplicada a los estudiantes, recomiendo ir de oyente a la clases que imparten los demás profesores de asignaturas, consultar toda la bibliografía disponible y preguntar todas las dudas que se tengan.

Destaco también el hecho de tener libertad de cátedra siempre y cuando la docencia de uno siga las directrices de las guías docentes de cada asignatura. Esto me permitió, por ejemplo, enseñar estrategias cognitivas para gestionar el estrés (gracias a mis estudios en Psicología) de los aprendices de interpretación, además de explicar cuáles son las habilidades más importantes a tener en cuenta para dicha profesión.

En cuanto a las medidas de higiene, pese a la huelga de basura que había aquellas semanas, estaba bastante concienciado con la situación que se avecinaba y me lavaba las manos con frecuencia, al igual que en mi otro trabajo en la academia. No obstante, la gente iba sin mascarillas y pocos respetaban la distancia interpersonal en el campus (a principios de marzo).

 

El estado de alarma y la formación telemática

Y llegó el confinamiento. En esos momentos estuve muy atento a los correos electrónicos tanto del rector como del Departamento de francés y, a decir verdad, es que la comunicación fue fluida con los demás profesores.

Entonces llegó el nuevo formato docente: las clases telemáticas, a distancia, en línea, videoclases… o como prefieras llamarlas. Ahí sí que tuve que ponerme las pilas, puesto que eso era algo bastante nuevo para mí. Tras hacer varios cursillos para aprender las herramientas (como Microsoft Teams, Google Meet o BigBlueButton, etc.), me quedé con las dos últimas que acabo de mencionar por su facilidad de uso y porque tampoco no consideré adecuado cambiar de herramienta con demasiada frecuencia. De esta forma lograba la adherencia a estas por parte de los alumnos durante el cuatrimestre.

Tengo que decir la experiencia ha sido positiva porque los alumnos silenciaban sus micros y chateaban en público, o hablaban en las clases de grupos más reducidos sin apenas interrumpir a los demás. Lo único es que tuve que comprarme un micro (de gama media) porque el del portátil se cortaba de vez en cuando y se me oía con un sonido muy bajo. Me sentí un tanto MC al decir en cada inicio de clase: «Probando micro, uno, dos… ¿Se me oye?»; todo un, como se diría en jerga callejera estadounidense, microphone checker, je, je.

Por otra parte, había que evitar subir vídeos o archivos pesados para no saturar el campus virtual, que también experimentaba en ocasiones algunos fallos debido a la ingente cantidad de usuarios y profesores conectados en las horas punta (por ejemplo, a partir de media mañana).

De estas herramientas, aparte de lo intuitivas que son, destaco el hecho de poder compartir diapositivas o pantalla y el hecho de comprobar de un vistazo cuántos alumnos se conectaban en cada clase, además de usar los chats o el bloc de notas compartido. Practicamos traducciones, manejo de programas, les mostré páginas web relacionadas con la asignatura o consultas en Google Académico y en bases de datos.

 

Evaluación

La evaluación en su mayoría fue la corrección de encargos de traducción, pero en interpretación lo hicimos todo a través de vídeos que subían a la nube. Como es lógico, consultar las guías docentes y, sobre todo, hablar con los coordinadores de las asignaturas ha sido de vital importancia para evaluar correctamente a los estudiantes.

 

Conclusión

Sería interesante que las universidades públicas españolas contemplen a partir de ahora, y gracias al problema actual que nos afecta a todos, que tener una modalidad semipresencial o totalmente en línea puede resultar muy atractivo, sobre todo en lo que respecta los másteres oficiales (como los habilitantes para ejercer una profesión), para atraer a alumnos internacionales o nacionales que de esta forma podrán compaginar más fácilmente su trabajo con sus estudios.

Sé que es un tópico muy manido, pero «crisis» en chino significa ‘cambio’ y ‘oportunidad’; y esta ha sido sin duda una situación que nos ha hecho adaptarnos a las nuevas tecnologías, ya que no podemos permitirnos el lujo en los tiempos que corren de ser unos analfabetos digitales. Renovarse o morir.

 

Imagen: pexels.com

 

 

 

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