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¿No te ha pasado nunca al aprender un idioma como a la chica de la imagen? ¿Por qué nos cuesta tanto dominar la producción, tanto oral como escrita, de un idioma que estamos aprendiendo? Parece ser que saber mucho de forma pasiva —incluso en nuestro idioma—, no implica un desempeño semejante de forma activa. Veamos más de cerca esta cuestión.

vocabulario activo y pasivo

Problemática

Aprender un idioma es algo que, sin duda, enriquece nuestro bagaje léxico —es más, hay profesores que recomiendan aprender más vocabulario que gramática— y muchos nos hemos visto en la situación de comprender de forma significativa textos comunicativos, o literarios. Recuerdo que cuando alcancé tal nivel en inglés, empecé a sentirme más seguro como aprendiz, y comencé a lanzarme a la lectura (masiva) de libros en las temáticas que me gustaban en el idioma de Shakespeare. Pero, en cuanto a la producción —sobre todo, la oral—, es cierto que es lo que más cuesta.

La explicación es que tenemos un enorme vocabulario pasivo (nutrido a través de lecturas y escuchas) y un vocabulario activo (hablado, escrito) mucho más limitado. Se estima que la relación está en 5/1: por cada cinco palabras que conocemos, utilizamos y rememoramos solo una con facilidad; en cambio, las otras restantes, las reconocemos tanto en los textos como en lo que escuchamos.

Cómo ganar vocabulario activo

¿Significa esto que debemos repasar cinco veces más cada palabra aprendida para poder producirla? No exactamente, pero podría ser una de las maneras. A continuación, te propongo unas cuantas pautas sacadas de un vídeo que he encontrado útil; algunas son sacadas de los consejos de políglotas famosos:

  1. Método Assimil. Este método clásico para aprender idiomas está planteado de forma en la que en una página viene la lección en el idioma que queremos aprender; y, en la otra, en nuestro idioma. Se pretende alcanzar un bien nivel de vocabulario activo a través de visualizar la traducción emparejada a partir, por ejemplo, de la lección 50.
  2. Método Luca (full circle). Consiste en comprender cada palabra o estructura que aprendamos, traducirla a nuestro idioma, y, luego, volver a traducirla al idioma de origen. Es una manera de «mascar y digerir» cada elemento para poder usarlo con propiedad; cerrando un círculo.
  3. El grupo de tres, de Michel Thomas. Aquí se es el tercer estudiante y se pretende comunicar en la lengua meta a los restantes un concepto que el profesor explica en la lengua de origen. De nuevo, se cierra un círculo y se trabaja inmediatamente una palabra que acaba de adquirirse de forma pasiva.
  4. Just talk, de Benny (políglota irlandés). Tal y como suena: simplemente, habla. Según este políglota, cada vez que aprendamos algún concepto en la lengua que queremos dominar hay que utilizarlo tan pronto como nos sea posible en el mundo real. También sirve la modalidad del texto escrito.

El autor del vídeo, Anthony Lauder, además nos sugiere recurrir a contar chistes en el idioma que queremos aprender para también volver activo nuestro vocabulario pasivo.

Conclusiones

Como hemos visto, la clave para activar nuestro acervo léxico y no dejar que este coja polvo consiste, en general, en usar lo que sabemos y no limitarnos a ser receptáculos pasivos de nuestro idioma (o del que queramos dominar), porque, no lo olvidemos, de no usarse, incluso muchas palabras del vocabulario pasivo se acaban olvidando.

Por tanto, estimado lector, espero haber acabado con una de las preocupaciones que todos tenemos cuando aprendemos una lengua: sabes mucho más de lo que crees; así que, practica, practica y practica… 😉

Referencias bibliográficas

 

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