Grado de excelencia
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En la investigación hay bastante información útil tanto del proceso como del producto de una traducción, sobre todo de tipo comparativo entre aprendices y expertos. Además de los datos que indican dónde falla el traductor novel, es interesante entresacar también dónde falla el proceso de enseñanza de la traducción (por ejemplo, mediante cuestionarios).

Tras el decálogo sobre cómo traducen los profesionales experimentados (resumiendo las aportaciones de autores como Jensen, Künzli o Jakobsen), concluiré el post con las aplicaciones y su dificultad en el terreno de la didáctica de la traducción.

Decálogo

El traductor experto

  1. usa más al afrontar un texto el parafraseo que la interpretación literal;
  2. procesa mayores unidades de traducción;
  3. se pasa más tiempo revisando su trabajo, aunque hace menos cambios cuando revisa;
  4. lee los textos de forma más rápida, y, en proporción, pasa más tiempo mirando el texto meta que el texto origen;
  5. usa un procesamiento de arriba abajo (top-down) –o deductivo–, y consulta, sobre todo, el propósito de la traducción;
  6. se apoya más en su conocimiento enciclopédico (cultural);
  7. expresa mayores principios y teorías propias;
  8. incluye al cliente en los procesos de manejo de riesgos;
  9. automatiza algunas tareas complejas aunque también es capaz de alternar entre sus rutinas automatizadas y la resolución consciente de problemas;
  10. es más realista, seguro y crítico respecto a las decisiones que toma.  

Aplicaciones en la práctica pedagógica

En consonancia con Pym (2011), es arriesgado aplicar estos hallazgos de la investigación a la enseñanza de la traducción. Entre otras razones, porque gran parte de estas habilidades son fruto de un proceso normal de repetición y horas de práctica más que de la aplicación de principios bien delimitados y aplicables dentro de una metodología didáctica. Lo importante es que los estudiantes practiquen y practiquen hasta alcanzar tal nivel de excelencia.

Como ocurre con todo conocimiento experto, se aprende mayormente de forma implícita: si le preguntamos, por ejemplo, a un campeón de ajedrez que describa paso por paso las decisiones que está tomando al ejecutar una jugada en medio de una partida ante un rival desafiante, lo más probable es que no sepa decir todo lo que le pasa por su mente. Y no solo eso: además perdería eficacia en ese momento porque el hecho de hablar ya interferiría en su jugada (haz la prueba explicando cómo conduces).

Por tanto, si queremos que los estudiantes de cursos avanzados tomen conciencia de estas competencias, sería de gran utilidad que hicieran capturas de pantalla de su proceso individual y que analizasen sus traducciones (o la de sus compañeros); se trataría de llevar a cabo una investigación basada en el proceso a modo de actividad en el aula (Pym, 2011).

Conclusión

La enseñanza de la traducción aplicada no siempre es la más idónea si tenemos en cuenta el contenido curricular promedio de las universidades, aunque bien es cierto que, ahora que se está aplicando el Plan Bolonia en Europa, el enfoque es más práctico que antes. La idea es que dentro del cuerpo docente haya tanto profesores que a su vez sean traductores profesionales, y otros que enseñen el aspecto más interpersonal de la traducción (negociación con el cliente, traducción en equipo, contratos, etc.).

Así se mejorarían por un lado el aspecto práctico (translator training) y, por otro, el aspecto formativo (translator education), con la consecuente mejora en la competencia traductora.

Está claro que en el grado de Traducción e Interpretación aprenderás los fundamentos teóricos y a manejar de manera decente tus idiomas de trabajo. Las reglas. Pero de nada sirve si no complementas toda esa formación con horas, días, semanas y meses de práctica profesional con su correspondiente retroalimentación (por parte de otros traductores, clientes o correctores editoriales) para alcanzar tu propio dominio especializado y soltura. Las excepciones.

Referencias bibliográficas

  • Pym, A. (2011). Training Translators. En K. Malmkjær y K. Windle (Eds.), The Oxford Handbook of Translation Studies, pp. 475-489. Oxford: Oxford University Press.

 

 

2 Comments

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    • Jorge Lucas Author

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