Emoción cognición y traducción
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Recientemente cayó en mis manos un libro de investigación puntera sobre traducción y cognición editado por Ricardo Muñoz, del grupo de investigación PETRA (¡gracias, servicio de préstamo interbibliotecario CBUA!, porque dicho ejemplar cuesta un poquito más [!] que uno normal de los que se hallan en las grandes librerías). En dicho libro me llamó mucho la atención un estudio de las investigadoras de la Universidad de Murcia Rojo-López y Ramos-Caro (2016) en el que se combinan las emociones, la creatividad, la investigación en el proceso traductológico y la retroalimentación o feedback. Veámoslo.

La importancia de las emociones para las personas

Lo queramos o no, las emociones (ira, tristeza, asco, alegría, sorpresa, miedo, vergüenza, orgullo, etc.) son una parte muy importante de nosotros como seres humanos y pueden llegar a determinar la forma en la que aprendemos o trabajamos. De hecho, las emociones positivas pueden ayudar a mejorar el desempeño y la productividad de prácticamente cualquier tarea; en cambio, las emociones negativas, como el miedo, hacen que las probabilidades de fallar se incrementen.

Respecto a la traducción, tanto las emociones positivas y las negativas, unidas a ciertos rasgos de personalidad, pueden repercutir significativamente en el desempeño de quien traslade un texto de un idioma a otro.

Parecidos pero no iguales: afecto, emoción, sensación y estado de ánimo

Para poder operativizar los constructos en este tipo de experimentos es muy importante saber qué se está midiendo en concreto y de forma que se unifiquen criterios terminológicos.

Según las autoras, estos conceptos se definen de la siguiente forma:

  1. Afecto. Respuesta instintiva y momentánea a un estímulo. Puede ser positivo (alegría, entusiasmo, enamoramiento, etc.) o negativo (tristeza, ira, miedo, ansiedad, etc.). Hay investigaciones que apuntan que el afecto puede tener más de dos dimensiones, pero no las tendremos en cuenta.
  2. Emoción. Término abarcativo que hace referencia a distintos tipos de sensaciones y estados afectivos de intensidad considerable. Hace hincapié en la reacción ante un evento.
  3. Sensación. Se centra en la experiencia real del evento, es de menor intensidad y es más duradera que el afecto.
  4. Estado de ánimo. Es muy parecido a la sensación, pero de aun menor intensidad y mayor duración.

 

¿Qué dice la investigación sobre el proceso traductor en relación con las emociones y la personalidad?

Como es sabido, la tarea de traducir requiere, como tarea comunicativa compleja que es, tener capacidad de resolución de problemas y de recuperación de datos concretos del conocimiento. El papel de las emociones no ha sido prácticamente tenido en cuenta por la investigación sobre el proceso traductor (TPR, por sus siglas en inglés), quizá porque se necesitan factores psicológicos y fisiológicos que iban en un primer momento más allá del alcance del paradigma de procesado de la información de la cognición.

Pero en los últimos años, se ve la cognición desde otra perspectiva, como por ejemplo, la cognición corporizada (Los pensamientos que son implementados en el cerebro pueden inducir estados emocionales que son implementados en el cuerpo), y hace que sea posible abarcar el tipo de investigación que nos ocupa. Por poner otro botón de muestra, la investigadora Lehr (2013) indaga sobre el papel de las emociones dentro del proceso traductor y se centra en su impacto sobre el desempeño de quien traduce. Sus resultados están en consonancia con Martin (2001), que planteaba lo del affect-as-input-mechanism: un mecanismo que sugiere que tanto el afecto positivo como negativo desencadenan distintos estilos de procesamiento.

Si nos vamos a los resultados de sus experimentos, estos indican que las emociones positivas favorecen la creatividad en la traducción profesional sobre todo en lo referente a las expresiones idiomáticas y la adecuación estilística—, mientras que las negativas incrementan la precisión al traducir terminología. Por tanto, las emociones tienen mucho que ver en los procesos cognitivos (la caja negra según los conductistas: lo que sucede en nuestro cerebro cuando pensamos, planificamos, decidimos, etc.).

Por otro lado, en cuanto a la personalidad, Hubscher-Davidson (2013b) ha demostrado que los rasgos de personalidad, como la intuición o la inteligencia emocional, juegan un papel importante a la hora de regular el comportamiento del traductor de forma que mejore el producto final: una traducción lograda. Las intuiciones deben ser respaldadas con un conocimiento profundo para que la traducción salga bien, incluso cuando la dificultad es baja. Según su estudio de 2013 sobre inteligencia emocional, que hace hincapié en el tipo de tarea llevada a cabo, los traductores literarios alcanzaron unas puntuaciones más altas en regulación emocional que aquellos que se dedicaban a otro tipo de traducción. Como diría Eduardo Punset: «¡Es fantástico!».

En relación a este tipo de experimentos que tienen en cuenta la regulación emocional y que se controlan el papel de la personalidad a la hora de amortiguar el impacto de dichos estados afectivos, las investigadoras Rojo-López y Ramos-Caro (2016) llevaron a cabo el estudio que describiré a continuación a grandes rasgos, por razones de espacio, centrándome en sus hallazgos y conclusiones.

El estudio

Las hipótesis planteadas fueron:

  1. Un estado de afecto positivo inducido por una retroalimentación falsa incrementará las tasas de creatividad en la traducción, mientras que el estado de afecto negativo incrementará las tasas de precisión.
  2. Las traducciones realizadas influidas por un estado de afecto positivo inducido por una retroalimentación falsa serán puntuadas más altas respecto al desempeño general que aquellas producidas bajo los efectos del estado de afecto negativo.
  3. Los participantes con un mayor nivel de resiliencia regularán los efectos del afecto negativo mejor que aquellos con un menor nivel de esta. Por consiguiente, las traducciones realizadas por los primeros tendrán diferencias menores entre las puntuaciones bajo ambos tipos de afecto.

 

Letras-UM
Facultad de Letras de la Universidad de Murcia (España).

 

Este experimento se realizó en la Universidad de Murcia a 40 alumnos de Traducción e Interpretación (TeI). Se les avisó y se les pidió consentimiento de que tanto sus sensaciones como emociones estarían sujetas a manipulación al proporcionarles información que pudiese no corresponderse con la realidad. A cambio, se les dio una nota de 0,5 para una asignatura del curso.

De los 40, 36 completaron el experimento. Respecto al género, 29 eran mujeres y 7 hombres; proporción representativa de los estudiantes de TeI en España. Se los distribuyó en dos grupos en los que tenían que llevar a cabo varias tareas de traducción. Tras la primera tarea, 19 recibieron feedback negativo y 17 recibieron feedback positivo, y a continuación prosiguieron con otro ejercicio traductoril.

Resultados

Hipótesis 1. La primera parte se confirmó (creatividad) ya que las tasas de creatividad pre y postest fueron significativamente distintas en las áreas de significado, pragmática y estilo. En cuanto a las medidas con afecto negativo (precisión), tras recibir el feedback negativo, se confirmó parcialmente la hipótesis ya que solo las diferencias pretest-postest del significado fueron significativas (para los detalles numéricos te encomiendo a que consultes el artículo directamente). Se baraja que tal retroalimentación haya sido exageradamente negativa, con el correspondiente efecto neutralizador sobre la precisión.

Hipótesis 2. Aunque hubo una mejora en casi todas las áreas medidas, el hecho de dar retroalimentación negativa —que a priori tiende a incrementar el afecto negativo y la precisión en la ejecución de la tarea—, el incremento en la precisión del significado puede que haya neutralizado las diferencias entre las condiciones planteadas; al igual que el nivel de dificultad de la tarea.

Hipótesis 3. Respecto a la resiliencia, bien es cierto que los estudiantes que tenían mayor resiliencia tuvieron unos resultados mejores que los de la media, pero tales resultados no fueron significativos.

Conclusión

Pese a no confirmarse todas las hipótesis, experimentos como este nos demuestran que una buena retroalimentación que genere un estado afectivo o emocional positivo puede hacer que la calidad de una traducción sea mucho más alta, sobre todo en lo que respecta a la creatividad. Los afectos negativos generados por un feedback crítico en exceso, en cierto modo, confirman los estudios precedentes. Esto se ha visto desde luego en la precisión semántica.

Por último, los rasgos de personalidad como la resiliencia, aunque no fueron significativos en el experimento, apuntan a que podemos regular las emociones que sentimos con base en nuestros rasgos de personalidad, e incluso podemos controlar nuestro desempeño de la tarea que se nos plantee.

En suma, aprende a gestionar tus emociones, traductor, lector, porque de ello depende que

los resultados de tu trabajo tengan realmente un acabado

profesional. No somos ni todo mente ni todo corazón;

somos un conjunto de pensamientos, emociones y

comportamientos que se influyen mutuamente…

para bien o para mal.

 

Referencias bibliográficas

  • Hubscher-Davidson, S. (2013b). Emotional Intelligence and Professional Translation. Ponencia presentada en International Online Workshop on Affective Factors in Translation Process Research: To Feel or not to Feel? That is the Question. Universidad de Aston (Birmingham, Inglaterra), 6 de diciembre.

  • Lehr, C. (2013). Influences of Emotion on Cognitive Processing in Translation: A Framework and Some Empirical Evidence. Ponencia presentada en International Online Workshop on Affective Factors in Translation Process Research: To Feel or not to Feel? That is the Question. Universidad de Aston (Birmingham, Inglaterra), 6 de diciembre.

  • Martin, L. L. (2001). Mood as Input: A Configural View of Mood Effect, en Joseph P. Forgast (Ed.), Feeling and Thinking: The Role of Affect in Social Cognition. Nueva York: Cambridge University Press. DOI: 10.1080/026999300402763

  • Rojo-López, A. y Ramos-Caro, M. (2016). ¿Can emotion stir translation skill? Defining the impact of positive and negative emotions on translation performance, en Ricardo Muñoz-Martin (Ed.), Reembedding Translation Process Research. Amsterdam/Filadelfia: John Benjamins Publishing Company. DOI: 10.1075/btl.128.06roj

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